Como estamos viendo en el Tema 1, cada persona es un ser singular, único, dotado de personalidad propia. Sin duda, nadie conoce mejor que tú mismo tus pensamientos, tus sentimientos, incluso tus defectos. Pero, ¿te has parado a pensar en cómo es tu propia personalidad? ¿Te gustaría conocerte mejor, saber tus cualidades y tendencias más íntimas, utilizando la llamada técnica del árbol? 

  Es tan sencillo como sentarte un ratito, coger un folio en blanco y dibujar en él un árbol. No importa que no sepas dibujar, házlo simplemente como mejor te parezca. A continuación, debes aplicarle a tu dibujo las siguientes  indicaciones, escribiendo en otro papel las cualidades que aparezcan reflejadas en tu dibujo, según hayas dibujado el tronco, las ramas, las raíces, etc. (dejaremos también una copia en clase para que puedas utilizarla). Ten en cuenta que no se trata de una prueba exacta y completa, pero puede ayudarte a entenderte mejor a ti mismo/a. Pincha en la siguiente línea y ten paciencia, es un archivo pdf bastante largo. 

Indicaciones del test del árbol

  No es nada fácil ser filósofo, ya lo sabemos; y es que pensar, lo que se dice pensar, pensamos todos; pero pensar algo profundo y original no resulta tan fácil, sobre todo después de veinticinco siglos de filosofía. Sin embargo, esto no es óbice (me encanta la palabra) para intentar elaborar por tu propia cuenta y sin mucha preparación, una de esas píldoras de sabiduría que llamamos sentencias filosóficas. Saldrá bien o saldrá mal, pero creo que nadie os lo va a reprochar porque, al fin y al cabo, sois principiantes en este difícil arte del pensamiento. En fin, menos rollo y más manteca: aquí van algunos de vuestros pensamientos, destinados a este pseudo-concurso de sabiduría por vía internet. Te pedimos que votes por aquella frase que te parezca mejor. Los siete mejores, mejor dicho, los siete más votados (que no siempre es lo mismo), serán elevados a la categoría de sabios oficiales de vuestra clase.

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   No es nada fácil ser filósofo, ya lo sabemos; y es que pensar, lo que se dice pensar, pensamos todos; pero pensar algo profundo y original no resulta tan fácil, sobre todo después de veinticinco siglos de filosofía. Sin embargo, esto no es óbice (me encanta la palabra) para intentar elaborar por tu propia cuenta y sin mucha preparación, una de esas píldoras de sabiduría que llamamos sentencias filosóficas. Saldrá bien o saldrá mal, pero creo que nadie os lo va a reprochar porque, al fin y al cabo, sois principiantes en este difícil arte del pensamiento. En fin, menos rollo y más manteca: aquí van algunos de vuestros pensamientos, destinados a este pseudo-concurso de sabiduría por vía internet. Te pedimos que votes por aquella frase que te parezca mejor. Los siete mejores, mejor dicho, los siete más votados (que no siempre es lo mismo), serán elevados a la categoría de sabios oficiales de vuestra clase.

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   En una ciudad de la antigua Grecia había un rey y una reina que tenían tres hijas. Las dos primeras eran hermosas. Pero para ensalzar la belleza de la tercera, llamada Psique, no es posible hallar palabras en el lenguaje humano. Tan hermosa era que sus conciudadanos, y un buen número de extranjeros, acudían a admirarla. Incluso dieron en compararla a la propia Venus, y no advirtieron que, al descuidar los ritos debidos a esta diosa, tal vez estaban atrayendo sobre la bella y bondadosa joven un destino funesto.

   Venus, la diosa que está en el origen de todos los seres, herida en su orgullo, encargó a su hijo Cupido: “Haz que Psique se inflame de amor por el más horrendo de los monstruos” y, dicho esto, se sumergió en el mar con su cortejo de nereides y delfines. Psique, con el correr del tiempo, fue conociendo el precio amargo de su hermosura. Sus hermanas mayores se habían casado ya, pero nadie se había atrevido a pedir su mano: al fin y al cabo, la admiración es vecina del temor…

   Sus padres consultaron entonces al oráculo: “A lo más alto ­contestó­ la llevarás del monte, donde la desposará un ser ante el que tiembla el mismo Júpiter”. El corazón de los reyes se heló, y donde antes hubo loas, todo fueron lágrimas por la suerte fatal de la bella Psique. Ella, sin embargo, avanzó decidida al encuentro de la desdicha. Sobre un lecho de roca quedó muerta de miedo Psique, en lo alto del monte, mientras el fúnebre cortejo nupcial se retiraba. En estas que se levantó un viento, se la llevó en volandas y la depositó suavemente en un pradera cuajada en flor. Tras el estupor inicial Psique se adormeció. Al despertar, la joven vio junto al prado una fuente, y más allá un palacio. Entró en él y quedó asombrada por la factura del edificio y sus estancias; su asombro creció cuando unas voces angélicas la invitaron a comer de espléndidos platos y a acostarse en un lecho. Cayó entonces la noche, y en la oscuridad sintió Psique un rumor. Pronto supo que su secreto marido se había deslizado junto a ella. La hizo suya, y partió antes del amanecer.

   Pasaron los días por la soledad de Psique, y con ellos sus noches de placer. En una ocasión su desconocido marido le advirtió: “Psique, tus hermanas querrán perderte y acabar con nuestra dicha”. “Mas añoro mucho su compañía ­dijo ella entre sollozos­. Te amo apasionadamente, pero querría ver de nuevo a los de mi sangre”. “Sea”, contestó el marido, y al amanecer se escurrió una vez más de entre sus brazos. De día aparecieron junto a palacio sus hermanas y le preguntaron, envidiosas, quién era su rico marido. Ella titubeó, dijo que un apuesto joven que ese día andaba de caza y, para callar su curiosidad, las colmó de joyas. Poco antes de que anocheciera, Psique tranquilizó a sus hermanas y las despidió hasta otra ocasión.

   Con el tiempo, y como no podía ser de otra forma, Psique quedó encinta. Pidió entonces a su marido que hiciera llegar a sus hermanas de nuevo, ya que quería compartir con ellas su alegría. Él rezongó pero, tras cruzar parecidas razones, acabó accediendo. Al día siguiente llegaron junto a palacio sus hermanas. Felicitaron a Psique, la llenaron de besos y de nuevo le preguntaron por su marido. “Está de viaje, es un rico mercader, y a pesar de su avanzada edad…” Psique se sonrojó, bajó la cabeza y acabó reconociendo lo poco que conocía de él, aparte de la dulzura de su voz y la humedad de sus besos… “Tiene que ser un monstruo”, dijeron ellas, aparentemente horrorizadas, “la serpiente de la que nos han hablado. Has de hacer, Psique, lo que te digamos o acabará por devorarte”. Y la ingenua Psique asintió.

   “Cuando esté dormido ­dijeron las hermanas­, coge una lámpara y este cuchillo y córtale la cabeza”. Enseguida partieron, y dejaron sumida a Psique en un mar de turbaciones. Pero cayó la noche, llegó con ella el amor que acostumbraba y, tras el amor, el sueño. La curiosidad y el miedo tiraban de Psique, que se revolvía entre las sábanas. Decidida a enfrentar al destino, sacó por fin de bajo la cama el cuchillo y una lámpara de aceite. La encendió y la acercó despacio al rostro de su amor dormido. Era… el propio dios Cupido, joven y esplendoroso: unos mechones dorados acariciaban sus mejillas, en el suelo el carcaj con sus flechas. La propia lámpara se avivó de admiración; la lámpara, sí, y una gota encendida de su aceite cayó sobre el hombro del dios, que despertó sobresaltado.

   Al ver traicionada su confianza, Cupido se arrancó de los brazos de su amada y se alejó mudo y pesaroso. En la distancia se volvió y dijo a Psique: “Llora, sí. Yo desobedecí a mi madre Venus desposándote. Me ordenó que te venciera de amor por el más miserable de los hombres, y aquí me ves. No pude yo resistirme a tu hermosura. Y te amé… Que te amé, tú lo sabes. Ahora el castigo a tu traición será perderme”. Y dicho esto se fue. Quedó Psique desolada y se dedicó a vagar por el mundo buscando recuperar, inútilmente, el favor de los dioses: la cólera de Venus la perseguía. La diosa finalmente dio con ella, menospreció el embarazo de la joven, le dio unos sopapos y la encerró con sus sirvientas Soledad y Tristeza.

   El caso es que Venus decició someter a Psique a varias pruebas, convencida de que no podría superarlas; mas acudieron en ayuda de la joven las compasivas hormigas, las cañas de los ríos y las aves del cielo. La última prueba, en cambio, fue la más terrible: Psique bajó a los infiernos en busca de una cajita que contenía hermosura divina. En el camino de regreso, sin embargo, quiso ella misma ponerse un poco y, al abrir la caja, un sueño insoportable se abatió sobre ella. Y habría muerto, de no ser porque Cupido, su loco enamorado, acudió a despertarla: “Lleva rápidamente la cajita a mi madre, que yo intentaré arreglarlo todo” dijo, y se fue volando. En la morada de los dioses, a petición de Cupido, Zeus determinó que los amantes podían vivir juntos. Así que Hermes raptó a Psique y la llevó al cielo, donde se hizo inmortal. Y fueron juntos felices Cupido y Psique y a su debido tiempo tuvieron una niña a la que en la tierra llamamos Voluptuosidad.

EPÍLOGO

   En fin. Que estos griegos tenían mucha imaginación. Lo cierto es que, en griego, la palabra ‘Psique’ significa ‘alma’, y por aquel entonces creían que, al morir una persona, su alma abandonaba el cuerpo en forma de mariposa nocturna. Ahora entenderás por qué en las noches de verano, a la hora del fresco, esa mariposa nocturna revolotea como loca alrededor de la luz. Es la propia Psique que busca junto a su lámpara, infructuosamente, al amado que perdió de forma tan ingenua.

La Filosofía.

Posted: 19/09/2010 in Filosofía I

  Por primera vez en vuestra vida, salvo si sois repetidores, os enfrentáis a esta asignatura, la Filosofía, que en tiempos lejanos fue la reina de todos los saberes y hoy parece casi una intrusa entre las brillantes ciencias modernas. Por eso, de vez en cuando surge la temible y peliaguda interrogación: ¿qué es y para qué sirve la Filosofía?

  A ningún alumno de  bachillerato se le ocurre hacer semejante pregunta respecto a las matemáticas, el inglés o la economía. Pero no sería la primera vez que se escucha por ahí: ¿para qué necesito estudiar Filosofía si lo que hyo quiero es ser médico, pintor o empresario? Ciertamente, para nada: puedes ser un fantástico médico sin ni tan siquiera haber oído el nombre de Platón . Eso sí, es posible que un médico se haga a veces preguntas filósoficas acerca de la vida y la muerte ¿no os parece?
   La verdad es que las demás disciplinas que se estudian en Bachillerato tienen una gran ventaja sobre la Filosofía. Una no, dos. En primer lugar, en esas ciencias están claramente establecidos los principios, los hechos y los métodos compar-tidos por sus especialistas. Muy por el contrario, los filósofos llevan siglos y siglos enredándose y discutiendo sobre los mismos oscuros dilemas y sobre polémicas sin fin. ¿Somos filósofos o somos masoquistas?
   En segundo lugar, es evidente que estudiar esas otras disciplinas te aporta unos resultados prácticos: te enseñan a hablar otro idioma, a pintar un bodegón a carboncillo o a llevar la contabilidad de una empresa. Pero ¿qué utilidad práctica puede tener el reflexionar sobre el alma, sobre el conocimiento verdadero o sobre la felicidad y la belleza? Pobrablemente, después de leer cientos de páginas (encima sin fotografías, ni nada), tus dudas sobre estos temas no serán menores que antes de empezar. Lo dicho: parece puro masoquismo intelectual.

  ¿Entonces? ¿No sería mejor, antes de que empiece el curso, colgar al profesor de filosofía del pino más alto, por farsante, inútil y por torturador de mentes juveniles. A Sócrates le condenaron a muerte y le ejecutaron acusándolo de intentar corromper a la juventud y de atacar las sagradas tradiciones. Antes de convertirme en un Sócrates moderno, dejádme, por favor, deciros tres cosillas:

  Para empezar, vuestro profesor de filosofía es una persona normal, con familia, perro y hasta una hipoteca. ¡No querréis arruinar a mi ”pobre” banco, con lo mal que está la crisis…! En segundo lugar, os diré que los filósofos, aunque no tengamos respuestas claras y definitivas, no nos hemos inventado las preguntas: las preguntas te las plantea la propia vida, que de vez en cuando nos abofetea con situaciones enigmáticas y dolorosas. ¿Por qué morimos? ¿Para qué vale la pena vivir? ¿Qué es lo que da la felicidad? ¿Quién lleva la razón cuando dos personas discuten? ¿Y por qué siempre hay guerras, miseria y explotación entre los seres más “inteligentes” de la Tierra? Etc.

   En definitiva, parece que la Filosofía no destaca por su eficacia práctica, en un mundo materialista como el nuestro en el que todo se valora en función de su utilidad; sin embargo, no podemos prescindir de hacernos preguntas y tratar de responderlas, porque va con nuestra propia naturaleza. La Filosofía no nos hará más ricos o más poderosos, tan sólo nos hace más humanos, porque, como decía Sócrates en el s.V a.C., “una vida sin reflexión no merece la pena ser vivida”. Sería como pasar por la vida con los ojos cerrados.

    A lo largo del curso irás descubriendo esas preguntas y las teorías de aquéllos filósofos que se las plantearon alguna vez. Espero que al final de curso tengáis una idea más aproximada de qué es y para qué sirve la Filosofía. Ahora, toca ponerse manos a la obra.

¿Te acuerdas de Haití?

Posted: 05/08/2010 in Ética, Otras

Aquí os dejo un magnífico trabajo audiovisual, que forma parte de un proyecto realizado en el IES Mar Serena de Pulpí, en Almería. Sobran los calificativos. AQUÍ os dejo el enlace del vídeo, podéis dejar vuestros comentarios más abajo.

Las pesadillas de Mahoma

Posted: 31/07/2010 in Ética, Otras

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Si el profeta levantara la cabeza y viera las barbaridades que algunos cometen en nombre de Alá (el misericordioso) se sentiría como en una pesadilla horrible y sin final. Es lo que siente ahora seguramente Aisha, una chica Afgana de 18 años a la que se le ocurrió pasear por la calle sin la compañía de un familiar varón: un líder talibán le condenó a que le cortaran la nariz y las orejas.

La imagen es perturbadora, pero necesaria, para recordarnos qué ocurre en aquella trágica región. La revista Time le dedica un extenso artículo e imágenes:

http://www.time.com/time/world/article/0,8599,2007269,00.html

http://www.time.com/time/video/player/0,32068,294175100001_2007267,00.html